jueves, 3 de febrero de 2011

Tú mundo cambia, y giras en torno a él

Cuando estás enamorada, te das cuenta de muchas cosas.
Te das cuenta de que por ejemplo, nada más despertarte, piensas en él, piensas en todas las ganas que tienes de verle.
Mientras que te vistes piensas en que si te viera, le gustaría lo que llevas puesto, mientras que te maquillas piensas en si estarías lo suficientemente guapa, y piensas en que ojala le vieras.
Cuando vas a desayunar, tu típico desayuno aburrido, te das cuenta de que ya no es el típico desayuno aburrido de antes, antes leías los ingredientes de los cereales o del bote de mermelada, o de cualquier otra cosa que desayunases, ahora piensas en él y en las horas que quedan para verle.
Mientras que vas a hacer la cama, piensas en lo que te gustaría estar allí, tumbada, con él, abrazándole y mirándole, por que no te hace falta nada más.
Cuando vas a bajar, para ir al instituto, cuentas las horas y los minutos que te quedan para volver a casa y volver a hablar con él.
Estas en todas y cada una de las clases pensando en lo perfecto que es, en la perfección que tiene cada milímetro de su cuerpo, de la perfección con la que habla, y piensas de nuevo lo mucho que le amas.
Piensas en los momentos que has pasado con él, y te das cuenta de que cualquier momento que recuerdes, es bueno, y te das cuenta de otra cosa, te das cuenta de que te quedan muchos momentos a su lado, muchas cosas por hacer, muchas sonrisas que plasmar, mucha felicidad que desprender, muchos sitios a donde ir y sobre todo muchos abrazas, muchas miradas...
Cuando vuelves a casa, vas corriendo hacia tu cuarto y enciendes el ordenador, pero como era de esperar, te llaman para comer y no te queda otra que dejar el ordenador e ir a la mesa, antes de que te llamen por segunda vez, miras tu fondo de pantalla, suspiras, pero, ahora vuelves a la mesa feliz, da igual el día que hayas llevado, verle de cualquier forma te hace sonreír, te hace tener fuerzas para todo, el ante todo te saca una sonrisa.
Y cuando terminas de comer y recoger la mesa, vuelves corriendo hacia el ordenador, hablas con él y piensas en lo mucho que te gustaría juntar tú cara con la suya y mirarle a los ojos y sonreír, él lleva razón, es el momento más bonito del mundo, y a mí me gustaría quedarme así con él, para toda la vida y que solo estuvieramos los dos, para qué nadie más.
Esas son una de las pocas cosas que te pasan cuando estás enamorada.
Tú mundo cambia, y de repente, giras en torno a él.

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